Bolivia cumple este 6 de agosto 200 años de vida como país independiente. Independiente de la colonia española, pero aún no de los extractivismos que profundizan condiciones de inequidad y pobreza y perpetúan impactos socioambientales permanentes para su población. En este breve artículo recordamos ese ciclo de dependencia y extractivismos que ha vivido Bolivia, pero también de las luchas sociales que su pueblo ha protagonizado para alcanzar su independencia, soberanía y vivir bien.
200 años de extractivismos
Bolivia es actualmente motivo de atención internacional por detentar los mayores recursos de litio a nivel global, 23 millones de toneladas de litio identificadas. Ese mineral que es central para las baterías de litio, centro de la transición energética planteada como salida al cambio climático. Pero también, junto con otros minerales asociados a usos tecnológicos y armamentistas, el litio es parte de ese grupo denominados minerales críticos que las grandes potencias han identificado como estratégico el asegurar su provisión. Y que con seguridad formarán parte de la pugna geopolítica que se ha intensificado extraordinariamente este año.
Y esto preocupa a la sociedad civil boliviana porque el gobierno boliviano ya tiene firmados contratos con un consorcio chino (que incluye a la principal empresa a nivel global de construcción de baterías CATL) y una empresa rusa (subsidiaria de la empresa estatal Rosatom) y convenios con empresas inglesa, australiano-germana, francesas, chinas y argentina para extraer el litio en 7 salares. Los dos contratos mencionados están, por el momento pausados de ser ratificados en la asamblea legislativa, por los reclamos de comunidades locales indigenas y campesinas, pero además sociedad civil a nivel nacional. Reclamos vinculados a las condiciones económicas, sociales y ambientales desfavorables para el país. Pero el fondo de esta preocupación es también una preocupación que se ancla en la historia de Bolivia.
Bolivia tuvo un lugar clave en la historia de Europa y del mundo occidental. Alberga al Cerro Rico de Potosí, mina que fue la base de la economía española durante la época colonial y de gran parte de la riqueza de Europa durante ese periodo. La ciudad de Potosi, formada a los pies del cerro, en algún momento de esa época llegó a ser una de las ciudades más rica del mundo, comparable con Londres en ese momento. Ya han pasado 200 años y continúa esa historia de extractivismos para alimentar el crecimiento de grandes potencias económicas y la continuidad de condiciones que posibilitan ese intercambio desigual que perpetúan esa dependencia.
Después de la extracción de la plata durante la época colonial, ya cuando se constituyó Bolivia como país independiente se vio forzada a continuar con la extracción de la plata. Eventualmente esta extracción pasó a manos de oligarquías locales vinculadas a empresas inglesas que repitieron la lógica de extracción para enriquecer a pocos y explotar a la población local dejando pocos recursos, impactos ambientales, inequidad y pobreza. Pasada la época de la plata vino la del estaño, de igual manera liderada por empresarios nacionales vinculados a capitales de Inglaterra. Situación similar ocurrió posteriormente con el caucho, el guano, el salitre y el petróleo, ya vinculados a intereses de grandes capitales estadounidenses. Y ahora, Bolivia está saliendo de otro pico de crecimiento económico por la exportación del gas; pero que, al estar agotándose, la disminución de ingresos por su exportación se ha convertido en un factor central para el deterioro de la economía. Todos estos extractivismos generaron cortos picos de crecimiento económico basados en la exportación de materias primas, pero las
condiciones establecidas por las grandes potencias que lograron imponer sus empresas en la extracción y sus alianzas con oligarquías/empresarios/gobiernos nacionales finalmente llevaron la mayor parte de las ganancias hacia afuera; dejando pasivos ambientales, economías y sociedades locales desestructuradas y prácticas culturales e institucionales negativas.
Este 2025, Bolivia enfrenta el recrudecimiento de una crisis económica muy profunda y compleja. Resultado justamente de una economía extractivista –a pesar de la cara social comunitaria y púbica con la que se la publicitaba– que solo ha desindustrializado su economía, ha profundizado su dependencia de exportación de materias primas (soya, minería, hidrocarburos), ha desregularizado normas e instituciones estatales de control ambiental/social/impositivo/laboral, ha impuesto prácticas de persecución/criminalización a voces críticas, ha desarticulado organizaciones sociales imponiendo prácticas de cooptación/corrupción/prebendalización.
Y a puertas de nuevas elecciones nacionales –coincidentemente también en agosto de este año– aparece nuevamente, por parte de los candidatos de todos los partidos políticos, la promesa de que la extracción y venta del litio nos sacarán de la crisis. Promesa esta vez animada no solamente por la demanda del litio para la transición energética, sino además por las ofertas, promesas y presiones de grandes potencias mundiales (china, rusia, Europa) que han acelerado e intensificado sus estrategias para asegurarse estos minerales críticos frente a las incertidumbres que trae el impredecible contexto internacional.
500 años de extractivismo como colonia española y 200 como pais independiente. A puertas de un nuevo siglo de existencia, esperamos como sociedad civil boliviana que el litio, la pugna geopolítica actual y los cambios que se desarrollan en el contexto internacional no sigan reproduciendo este ciclo de extractivismos en Bolivia.
Dos siglos de luchas sociales
Este panorama económico es, sin lugar a dudas, desalentador. Pero algo que también caracteriza a Bolivia a lo largo de su historia, colonial y postcolonial, son las luchas y rebeliones sociales por cambiar esas condiciones inequitativas.
Si bien Bolivia fue uno de los últimos países en lograr su independencia de la corona española, fue el primero en rebelarse. Inspirados en los movimientos independentistas de Estados Unidos y el impulso de principios de libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa; Bolivia fue el lugar en el que arrancó la rebelión en Sudamérica en 1809 que después se esparció por todo el continente. Durante su vida republicana, fue también el espacio de múltiples rebeliones indígenas frente a las oligarquías locales. Luchas nacionalistas contra el poder y control de empresarios mineros posibilitaron una serie de rebeliones que posibilitaron transformaciones revolucionarias siendo uno de los primeros paises en el continente en consolidar reformas de distribución de la tierra, el voto universal y la educación como derecho. Luchas de sectores sociales empobrecidos y movimientos indígenas y campesinos contra políticas neoliberales desembocaron en hechos tan significativos a nivel internacional como fue la Guerra del Agua. Luchas sociales que posibilitaron procesos de transformación constitucional que reconocen la existencia no solo de múltiples culturas sino de múltiples naciones indigenas y originarias que forman parte de un solo país.
Estas luchas sociales en Bolivia han sido siempre muy complejas de comprender o prever, pero han sido muy potentes no solo en su fuerza transformadora sino en sus propuestas. Son justamente estas recurrentes crisis económicas las que detonan esa memoria histórica de rebelión y de movilizaciones transformadoras.
Esperamos que esa historia de luchas se renueve en el momento que actualmente vive Bolivia, pero que también inspire transformaciones sociales necesarias a nivel internaiconal. Frente al momento actual de debilidad de institucionalidad multilateral, de crisis de criterios liberales progresistas como los derechos humanos/democracia, de impunidad de acciones individuales de elites y lideres globales el conjunto del mundo.https://www.brennpunkt.lu/article/200-ans-de-lutte/



