Category: Dossier

Gabriela Cáceres -

Activistas entrevistadas

Morena Herrera : Feminista y activista por los Derechos Humanos, es reconocida internacionalmente por su trabajo contra la prohibición del aborto su país. Fue guerrillera durante la guerra civil en El Salvador y es socia fundadora de la organización Colectiva Feminista para el Desarrollo Local.

Ivonne Yañez : Feminista y activista por los Derechos de la Naturaleza. Forma parte de la ONG ecuatoriana Acción Ecológica.

Erika García Cárcamo : Feminista hondureña, forma parte de la ONG Centro de Derechos de las Mujeres.

La crítica feminista al modelo de sociedad actual es quizás una de las más fuertes, radicales y complejas que existen. Asimismo, los feminismos han construido propuestas profundas de cambio social que son innegablemente portadoras de nuevos paradigmas. Quisimos invitar a tres activistas feministas latinoamericanas a darnos su opinión sobre lo que entienden por desarrollo y cuál puede ser la contribución del feminismo.

Al unísono, las tres nos responden que es importante reconocer la existencia de una pluralidad de feminismos, hablar de ellos en plural. “Los feminismos tienen y buscan miradas críticas”, dice Herrera. En un tono juvenil, García señala: “Somos rebeldes y con ello incomodamos”. El objetivo es “poner en los debates las visiones, experiencias y aspiraciones de quienes han sido ignoradas en las propuestas de desarrollo, o que han sido consideradas principalmente como “indicadores del bienestar de los demás”.

Esta invisibilización de las mujeres ha sido transversal en la sociedad y las organizaciones sociales, políticas, u otras, no han estado exentas. Como precisa García, “las feministas estamos en todas las luchas, incluso en la lucha por despatriarcalizar y descolonizar los espacios organizativos.”

Desde Ecuador, Yañez profundiza y amplía la crítica, poniendo el acento en el segundo elemento de la ecuación: “para muchas organizaciones de América Latina, el desarrollo ha dejado de ser un objetivo”, ya que desde hace varias décadas ha sido usado para justificar “la imposición de políticas de despojo y vulneración de derechos y afectaciones a la naturaleza”. En este contexto, las luchas contra la extracción intensiva de recursos, o en favor de los derechos de las mujeres, o en defensa de los cuerpos-territorios, o las reivindicaciones de los feminismos comunitarios y territoriales “son, en la práctica, batallas anti-desarrollistas, en el mejor de los sentidos.” Los feminismos del Sur, junto a los ecologismos populares, aportan para detener ese desarrollo que “sólo se sostiene con más extractivismo, con la profundización del heteropatriarcado y con el colonialismo”.

Ponerle nombre a realidades ignoradas

Morena Herrera, réunion UNICEF Guatemala, 2018. Copyright Montserrat Boix

Al mismo tiempo, los feminismos han permitido ponerles nombre a ciertas realidades históricamente ignoradas. Precisa Herrera, “enunciar ha sido un acto profundamente político en el sentido amplio de la palabra”. Nombrar realidades como la violencia por razones de género o el feminicidio ha permitido también re-significarlas ya que, aunque siempre han existido, “no se entendían como derechos humanos violados, porque a quienes los han sufrido, en el fondo, no se les ha considerado seres humanas”.

Con la enunciación, se han puesto también nombres a la economía del cuidado, las tareas de reproducción social y doméstica “que han estado ocultadas en los debates económicos y en las cuentas nacionales, pero que, como sabemos, aseguran la vida en nuestras sociedades.” Tal como se ha visto claramente durante la pandemia, las mujeres han sostenido las labores de protección y cuidado de la salud colectiva, de la alimentación, de la reproducción social. Para Yañez, “esto es todo, menos desarrollo”.

De esta forma, continúa Yañez, las mujeres, a través de sus organizaciones, prácticas y reflexiones colectivas, contribuyen a “marcar las pautas de hacia dónde se deben orientar las propuestas de construcción de sociedades más justas, más ecológicas”, que pongan en el centro el cuidado de la vida y no el lucro y el individualismo.

Denunciar la negación de su condición de personas y crear cadena de solidaridades concretas

Pero, ¿ha sido suficiente ponerles nombre a los problemas para lograr cambiar la realidad social? Aún no. Como lo precisa Herrera, ha sido y es fundamental poner en relieve “las conductas que violentan los marcos de convivencia establecidos. La enunciación y la denuncia se combinan, para señalar, para nombrar, para tipificar hechos, comportamientos y autorías que despojan a las mujeres y a las niñas de su condición de personas.”

El ejercicio de denunciar busca apelar a la aplicación adecuada de las herramientas y mecanismos nacionales e internacionales que deben garantizar derechos, al mismo tiempo que cuestiona la falta de compromiso y la ausencia de voluntades políticas para transformar las relaciones de opresión, discriminación, marginación y explotación de las cuales las mujeres son objeto.

Herrera enfatiza que las acciones politicas feministas “surgen desde la empatía con el dolor de quienes enfrentan las peores condiciones de vida a consecuencia de este sistema patriarcal, capitalista, racista y lesbotransfóbico que niega las posibilidades de existencia en autonomía y justicia para todas las personas”.

¿Existe una convergencia entre la búsqueda de justicia ambiental, justicia social y económica, y justicia de género?

Yvonne Yáñez, Copyright www.naturalezaconderechos.org

En estas prácticas, se han cruzado distintas luchas, particularmente la ecológica y la feminista. Estas alianzas no sólo se han dado a través del uso de herramientas teóricas, como la interseccionalidad, sino también en la experiencia concreta de defensa de los cuerpos y los territorios. García precisa: “Históricamente Honduras ha tenido que enfrentarse al saqueo sistémico, desde el violento proceso de colonización española, pasando por la explotación de las compañías bananeras, llegando a lo que ahora se le denominan “Zonas de Empleo Desarrollo Económico (ZEDES)[1]” que no son más que otra forma de despojo de nuestro territorio, esclavitud de la población y destrucción de los bienes comunes bajo la lógica neoliberal de muerte.” Negar la interseccionalidad en las luchas y resistencias “supondría negar una realidad histórica desde la cual partimos y con la que vivimos”.

Yañez enfatiza: “Así como no puede haber justicia social sin justicia económica, tampoco puede haber justicia ambiental sin justicia para las mujeres.” Esta convergencia se ha ido alimentando a partir, entre otros, de la construcción conjunta de conceptos esenciales. “Cuando nos juntamos feministas y ecologistas, por ejemplo, ¿estamos hablando de lo mismo cuando nos referimos a la reproducción y el sostenimiento de la vida?” Durante la pandemia, esta función ha recaído nuevamente, “y sin parangón, en los cuerpos de las mujeres”, pero, al mismo tiempo, hay una conexión inmediata con el trabajo de las ecologistas en la defensa, protección y cuidado de los espacios en los que se reproduce la vida, y que son esenciales para las mujeres, para la provisión de alimentos, de medicinas, de espacios de distensión… “Por eso es frecuente ver que las mujeres son las primeras en pararse duro para defender el agua, la tierra, ante la arremetida del capitalismo”, completa la activista ecuatoriana.

La pedagogía feminista es una herramienta de cambio social

Erika García Cárcamo 2020, www.astm.lu

Dentro de las prácticas de las que se han dotado los feminismos para contribuir a la transformación social, está la pedagogía feminista que, según señala García, es clave porque permite identificar “los sistemas de opresión y crear propuestas de resistencia; reconocer el poder personal que está en nuestro territorio-cuerpo”, asumirse en sujetas políticas; comprender el poder organizativo que permite construir y aportar al movimiento e identificar el poder económico, desde las alternativas feministas.

García señala que su experiencia personal en esta pedagogía feminista es de aprendizaje a través de un ejercicio colectivo de cuestionamiento personal y de deconstrucción epistemológica de la propia historia de vida. De esta forma, la pedagogía feminista permite construir pensamiento y, al mismo tiempo, “alternativas libertarias para nuestras vidas”.

 


Notas al pie de página:

[1] https://honduras.un.org/es/130598-las-zede-podrian-suponer-serios-riesgos-para-la-garantia-de-los-derechos-humanos-por-parte

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